La Comisión Europea autoriza una patata transgénica peligrosa

La Plataforma Rural, Amigos de la Tierra, CECU, COAG, Greenpeace y Ecologistas en Acción denuncian que este tubérculo de BASF podría incrementar la resistencia a los antibióticos. http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article16834

Europa autoriza por primera vez en 12 años un cultivo transgénico

La patata 'Amflora' está pensada para un uso industrial y para alimentar animales

R. M. DE RITUERTO / E. DE BENITO - Bruselas / Madrid - 03/03/2010 EL PAIS

La Comisión Europea acabó ayer con 12 años de parálisis al autorizar por primera vez desde 1998 el cultivo y comercialización de un producto genéticamente modificado, la patata Amflora. El almidón de esta creación de la alemana BASF podrá emplearse para fabricar papel y para alimentación animal. Pese a que la Comisión permitirá a los Estados vetar su comercialización, grupos ecologistas protestaron por el riesgo de contaminación de otras cosechas y alertaron de que Amflora podría provocar resistencia a los anti-bióticos. Sólo otro producto transgénico había sido autorizado hasta la fecha por Bruselas, una variedad de maíz de la que España produce el 80% de la cosecha comunitaria.

El maltés John Dalli, comisario de Sanidad y Protección al Consumidor, apenas ha necesitado tres semanas para desatascar una decisión a la que se resistió numantinamente el anterior comisario de Medio Ambiente, el griego Stavros Dimas. Como Dimas no ha repetido en la nueva Comisión y su sucesor en Medio Ambiente, el esloveno Janez Potocnik, no compartía sus recelos, el Ejecutivo comunitario tiró ayer por todo lo alto. No sólo aprobó el cultivo y comercialización de Amflora, sino que dio el visto bueno a la comercialización de otras tres variedades de maíz de Monsanto.

Dalli reconoció lo delicado que resulta tratar con productos transgénicos, pero aseguró que tras evaluar las cuestiones de seguridad para la salud humana y animal y las cuestiones medioambientales ha quedado claro que no había razones para seguir negando las cinco autorizaciones concedidas ayer. El visto bueno político a los transgénicos vino precedido de la opinión científica favorable de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que esperaba en un cajón a ser tenida en cuenta desde 2006. En sus informes, la EFSA descarta que haya riesgo para la salud de las personas, los animales o el medio ambiente, incluido el alegado posible perjuicio por la presencia en la patata de dos genes que confieren a la planta resistencia a los antibióticos.

El comisario aludió a las estrictas condiciones impuestas al cultivo para evitar que contamine otras cosechas vecinas, limitaciones que incluyen la absoluta separación en todo el proceso, desde la siembra hasta la comercialización, de Amflora de las patatas destinadas a consumo humano. Aun así, la propia Comisión autoriza la presencia accidental de un 0,9% de Amflora (la misma tasa que para todos los transgénicos) en los alimentos para personas.

El gigante BASF y la patronal europea de la biotecnología celebraron la decisión de Bruselas, mientras agrupaciones ecologistas como Greenpeace lamentaban que una de las primeras decisiones de la nueva Comisión suponga "una amenaza para el entorno y la salud humana".

Consciente de la aversión que los productos transgénicos suscitan entre la opinión pública y en algunos Gobiernos (el italiano anunció de inmediato que va a montar un frente de rechazo con todos los países que se oponen a estas innovaciones), Dalli anunció que los países podrán adoptar salvaguardas (prohibición nacional, previa autorización de Bruselas) para impedir su cultivo en territorio nacional. La Comisión, mientras, prepara una nueva normativa para el verano que combine los dictámenes científicos favorables a los transgénicos con la libertad de los Estados a oponerse directamente a su cultivo.

El maíz transgénico de Monsanto autorizado en 1998 se cultiva en cinco países de la Unión Europea: España, con el 80% de la producción total (alrededor de 75.000 hectáreas), Eslovaquia, Portugal, República Checa y Rumania. Han adoptado salvaguardias contra su cultivo otros seis países: Alemania, Austria, Francia, Grecia, Hungría y Luxemburgo. La legislación polaca prohíbe todo cultivo de transgénicos.

Con las aprobaciones, ya habrá dos cultivos transgénicos que se podrán plantar en la UE (un maíz y la patata), y 32 variedades (de maíz, algodón, colza, arroz y berenjena) que se pueden importar. En este caso, cuando se usen para consumo humano, habrá que indicarlo en el etiquetado.

15 años de debate

Origen. El primer cultivo transgénico se plantó en 1994. Desde entonces se ha aprobado una treintena de variedades (soja, maíz, arroz, colza, algodón, remolacha).

Extensión. 25 países permiten el cultivo de transgénicos. España es, dentro de la UE, el que más superficie le dedica (entre 60.000 y 100.000 hectáreas de maíz).

Riesgos. Las agencias evaluadoras afirman que los cultivos aprobados son seguros para la salud de animales, personas y medio ambiente. Los ecologistas y quienes se oponen a estas plantas insisten en que el peligro a largo plazo no está demostrado, y que pueden producirse escapes de las semillas al entorno que contaminen el medio ambiente.

Utilidad. Los defensores afirman que los transgénicos son una herramienta para combatir el hambre. Los opositores, que sólo se enriquecen los fabricantes de semillas, y que el hambre sigue en aumento.

ANÁLISIS: EN CONTRA

Riesgos para la salud

JUAN FELIPE CARRASCO 03/03/2010 EL PAIS

Desde 1998 Europa permite la siembra de un maíz transgénico de la multinacional Monsanto. Pero solamente España lo tolera a gran escala. Gobiernos menos progresistas (en teoría) como Francia o Alemania han prohibido su cultivo debido a los peligros del denominado MON 810. En estos años la sociedad civil ha denunciado los efectos sociales, ambientales y económicos del maíz transgénico. La alimentación y la agricultura se encuentran en una situación de indefensión total. Lejos de ejercer un contrapeso a la agresiva actitud de las grandes empresas, el Gobierno favorece sus intereses, en contra de la opinión mayoritaria de los ciudadanos.

Ayer, el presidente de la Comisión Europea y el Comisario de Sanidad, después de que en años anteriores la mayoría de los Estados de la UE se opusieran, tomaron la decisión de autorizar una patata transgénica de BASF sin debatirla en el Colegio de Comisarios, es decir, una vez más de forma antidemocrática. Si necesitan este tipo de estrategias, ¿son tan buenos estos diabólicos inventos? Esta patata presenta riesgos para la salud, como la posible anulación del efecto de determinados medicamentos para curar la tuberculosis. Acabará, queramos o no, en nuestros platos. Por mucho que nos digan que es exclusivamente para uso industrial.

Desde Greenpeace creemos que hoy ha cobrado aún más sentido sumarse a la manifestación por una agricultura y una alimentación libres de transgénicos que desde un amplio espectro de organizaciones se ha convocado para el 17 de abril en Madrid.

Juan Felipe Carrasco es responsable de transgénicos de Greenpeace.

ANÁLISIS: A FAVOR

Ciencia y progreso

JUAN QUINTANA CAVANILLAS 03/03/2010 EL PAIS

La nueva autorización del cultivo de patata modificada genéticamente no debería ser noticia. Es el resultado de la aplicación de un procedimiento de autorización europeo muy exhaustivo y contrastado. Los organismos científicos competentes de la Unión Europea (UE) y los de cada país son nuestros garantes. Responden al mandato de valorar los riesgos de cualquier alimento o cultivo, modificado genéticamente o no, que entre en nuestro mercado.

Por ello, en la UE disponemos de la mayor seguridad alimentaria y ambiental de todos los espacios económicos mundiales. Para ello incorporan todas las aportaciones científicas en defensa o en contra, y emiten informes caso por caso, que sirven de referencia a las decisiones políticas. Quizás en la UE es noticia porque nos hemos aislado. En el mundo se cultivan 134 millones de hectáreas de estos cultivos en 25 países, poco más de 94.750 hectáreas en la UE. Sólo en 2009 se sembraron nueve millones de nuevas hectáreas de cultivos modificados genéticamente, el equivalente a toda la superficie de Portugal.

Son 14 millones de agricultores quienes los siembran en el mundo; 14 millones de pruebas de que son eficientes y útiles. Son 14 años sin ningún efecto negativo para la salud humana, ni grave ni leve.

Esta patata no debería representar nada más que el producto del trabajo de la ciencia y del correcto cumplimiento de nuestras propias normas.

Juan Quintana Cavanillas es doctor en ingeniería agrónoma y director de la Fundación Antama.