Fuente: http://miportalespiritual.com/cristo/esen1.htm
Comentarios de Vidasostenible.
EL EVANGELIO DE LA PAZ
Y entonces muchos enfermos y tullidos fueron a Jesús, preguntándole: "Si todo lo sabes, dinos ¿por qué sufrimos estas penosas plagas? ¿Por qué no estamos enteros como los demás hombres? Maestro, cúranos, para que nos hagamos fuertes y no tengamos que vivir por más tiempo en nuestro sufrimiento. Sabemos que en tu poder está curar todo tipo de enfermedad. Líbranos de Satán y de todos sus grandes males. Maestro, ten compasión de nosotros".
Y Jesús respondió: "Felices vosotros que tenéis hambre de la verdad, pues os satisfaré con el pan de la sabiduría. Felices vosotros que llamáis, pues os abriré la puerta de la vida. Felices vosotros que rechazáis el poder de Satán, pues os conduciré al reino de los ángeles de nuestra Madre, donde el poder de Satán no puede penetrar.
Este último párrafo resume un concepto muy importante que todos aquellos que están a bordo del barco de la espiritualidad descubrirán tarde o temprano. Para conseguir la seguridad, la verdad, el bien y estar a salvo del daño no es necesario ningún esfuerzo sobrehumano. Jesús viene a decir aquí que sólo hace falta querer "la verdad", es decir querer "lo bueno", querer la sabiduría (=progresar espiritualmente) para poder obtenerlo. Sólo hace falta rechazar "el poder de Satán", es decir, rechazar lo malo, ir por la senda del bien, para alcanzar todo lo que necesitamos, todo lo bueno y lo verdadero. Si vamos por esa senda, lo malo (Satán) no nos podrá alcanzar. Por tanto, este mensaje está lleno de esperanza y positivismo. La esencia de esta enseñanza es que "no hay nada que temer", que el mal no puede hacer nada contra el bien, y que podemos estar seguros de que vamos por el buen camino si tenemos sed de lo bueno y lo verdadero. También expresa una idea igual de importante que implica que no importa cuánto sufrimiento tengamos que soportar, si queremos el bien lo conseguiremos y ese sufrimiento nos habrá servido para aprender, progresar espiritualmente y alcanzar la felicidad tras las tribulaciones.
Y ellos le preguntaron con desconcierto: "¿Quién es nuestra Madre y cuáles son sus ángeles? ¿Y dónde se halla su reino?"
"Vuestra Madre está en vosotros; y vosotros en ella. Ella os alumbró y ella os da vida. Fue ella quien dio vuestro cuerpo, y a ella se lo devolveréis de nuevo algún día. Felices vosotros cuando lleguéis a conocerla, así como a su reino; si recibís a los ángeles de vuestra Madre y cumplís sus leyes. En verdad os digo que quien haga esto nunca conocerá la enfermedad. Pues el poder de nuestra Madre está por encima de todo. Y destruye a Satán y su reino, y tiene gobierno sobre todos vuestros cuerpos y sobre todas las cosas vivas.
Claramente se está refiriendo a la Madre Naturaleza cuando habla de la Madre Terrenal a lo largo de todo este evangelio. La Madre Naturaleza está en nosotros y nosotros en ella porque somos parte de ella o, dicho de otra forma, nuestro origen está en ella, nacimos de ella. De ahí la denominación de "Madre". Quien conozca a la Madre Naturaleza, así como a su reino (el mundo natural) y cumpla sus leyes nunca conocerá la enfermedad. La naturaleza ha sido pisoteada, ignorada y masacrada por aquellos que ignoran que en ella no sólo está nuestro origen, sino también nuestra vida, nuestra salud, nuestro destino y nuestra supervivencia. Weston A. Price lo expresó magistralmente con esta frase: "La vida en toda su plenitud es la obediencia a la Madre Naturaleza". La obediencia a sus leyes, que nos proporciona la salud ("quien haga esto nunca conocerá la enfermedad").
"La sangre que en nosotros corre ha nacido de la sangre de nuestra Madre Terrenal. Su sangre cae de las nubes, brota del seno de la tierra, murmura en los arroyos de las montañas, fluye espaciosamente en los ríos de las llanuras, duerme en los lagos y se enfurece poderosa en los mares tempestuosos.
"El aire que respiramos ha nacido del aliento de nuestra Madre Terrenal. Su respiración es azul celeste en las alturas de los cielos, silba en las cumbres de las montañas, susurra entre las hojas del bosque, ondea sobre los trigales, dormita en los valles profundos y abrasa en el desierto.
"La dureza de nuestros huesos ha nacido de los huesos de nuestra Madre Terrenal, de las rocas y de las piedras. Se yerguen desnudas a los cielos en lo alto de las montañas, son como gigantes que yacen dormidos en las faldas de las montañas, como ídolos levantados en el desierto, y están ocultos en las profundidades de la tierra.
"La delicadeza de nuestra carne ha nacido de la carne de nuestra Madre Terrenal; carne que madura amarilla y roja en los frutos de los árboles, y nos alimenta en los surcos de los campos.
"Nuestros intestinos han nacido de los intestinos de nuestra Madre Terrenal, y están ocultos a nuestros ojos como las profundidades invisibles de la tierra.
"La luz de nuestros ojos y el oír de nuestros oídos nacen ambos de los colores y de los sonidos de nuestra Madre Terrenal, que nos envuelve como las olas del mar al pez, o como el aire arremolinado al ave.
Jesús enumera aquí todos los elementos que constituyen la vida: el agua (la sangre), el aire, la tierra (los huesos/rocas), el fuego/sol (la carne), el protoplasma (los intestinos) y el éter (la luz y el sonido).
Nuestra sangre es líquida y su origen es el agua. Sabemos que no habría vida en este planeta sin el agua.
El aire que respiramos es también imprescindible para la vida tal y como la conocemos en este planeta.
La tierra, el elemento mineral que tenemos en nuestros huesos.
La carne está asociada aquí con los frutos de la tierra maduros, los cuales no podrían madurar ni crecer si no fuera por el elemento fuego, el sol.
Los intestinos son una referencia al protoplasma interno que tenemos. Todo la parte interior de nuestro cuerpo es protoplasma que está oculto a nosotros. Somos una forma dotada de vida cuya perfección y exquisitez en sus procesos internos están fuera de nuestra vista y de nuestra voluntad. Dentro de nosotros hay mundos enteros de microorganismos y sistemas que no funcionan a voluntad nuestra, sino que tienen su propia vida. Pensar en todo esto nos tendría que conferir más humildad al saber que no funcionamos gracias a nosotros mismos, sino que vivimos gracias a muchos otros seres, que viven dentro y fuera de nosotros. Sólo saber esto nos debería producir un respeto sagrado a toda forma de vida, en definitiva a toda la creación, ya que nosotros sólo somos una parte interdependiente de ella, que vivimos gracias a muchos factores inmejorables que nos otorgan el regalo de la vida todos los días que habitamos dentro de este perfecto vehículo que es el cuerpo humano.
El éter es todo lo que nos envuelve, no es el aire exactamente sino el espacio en el que percibimos todas las cosas, las imágenes que vemos gracias a la vista, los sonidos que oímos, se encuentran en el éter. Todas las cosas que percibimos son vibraciones que nuestro cerebro traduce en imágenes, sonidos, etc. Aquí en la Tierra estamos rodeados de un mundo "material" que no es tal, pero lo percibimos así porque nuestro cerebro también es material.
"En verdad os digo que el Hombre es Hijo de la Madre Terrenal, y de ella recibió el Hijo del Hombre todo su cuerpo, del mismo modo que el cuerpo recién nacido nace del seno de su madre. En verdad os digo que sois uno con la Madre Terrenal; ella está en vosotros v vosotros en ella. De ella nacisteis, en ella vivís y a ella de nuevo retornaréis. Guardad por tanto Sus leves, pues nadie puede vivir mucho ni ser feliz sino aquel que honra a su Madre Terrenal y cumple Sus leyes. Pues vuestra respiración es Su respiración, vuestra sangre Su sangre, vuestros huesos Sus huesos; vuestra carne Su carne; vuestros intestinos Sus intestinos; vuestros ojos y vuestros oídos son Sus ojos y Sus oídos.
Una vez más explica cómo, si no vivimos nuestras vidas acorde con las leyes de la naturaleza, no podremos vivir mucho ni siquiera ser felices. La falta de salud es la causa más probable de infelicidad. Incluso los problemas mentales, los problemas de comportamiento, la ira, la depresión, la tristeza, se ha demostrado que tienen una causa "física" y no son condiciones totalmente producidas por la mente, sino que su causa se encuentra a menudo en desequilibrios en nuestro cuerpo, que ocurren por no respetar las leyes de la naturaleza. Las gentes que viven con un estilo de vida más natural, con alimentos naturales y en contacto con la tierra y el aire puro, son de carácter más agradable, optimista y menos violento que las personas cuya existencia está más desligada de la naturaleza. Las drogas, ya sean drogas blandas o duras, permitidas o ilegales, causan problemas mentales además de físicos y es mi convicción que una de las causas principales de que el mundo vaya tan mal es que las drogas, como por ejemplo, el alcohol y el tabaco, entre otras, se han convertido en parte fundamental de las vidas de gran parte de la población mundial. Las drogas crean una necesidad tan urgente en el organismo y una dependencia más fuerte incluso que la comida diaria. Muchos fumadores o alcohólicos pueden aguantar sin comer mucho tiempo pero no sin recibir su dosis de alcohol o de tabaco. Hablo de estas dos drogas porque son las más comúnmente consumidas pero lo mismo ocurre con todas las sustancias que causan adicción. Esta urgencia y dependencia de una necesidad que además perjudica la salud puede dañar las facultades mentales y quita tiempo e interés para que el alma se preocupe de asuntos de mayor provecho para su evolución, porque la mente está demasiado ocupada respondiendo e intentando calmar la necesidad de esa sustancia en el cuerpo.
Las religiones en general prohíben el consumo de drogas y la razón no es sólo proteger nuestra salud, es sobretodo una cuestión espiritual. Las drogas, como resalta T. Lobsang Rampa en sus libros, son lo más dañino para nuestra alma. Además, muchas drogas no sólo perjudican al que las toma, sino también a los de alrededor.
"En verdad os digo que si dejaseis de cumplir una sola de todas estas leyes, si dañaseis uno sólo de los miembros de todo vuestro cuerpo, os perderíais irremisiblemente en vuestra dolorosa enfermedad y sería el llorar y rechinar de dientes. Yo os digo que, a menos que sigáis las leyes de vuestra Madre, no podréis de ningún modo escapar a la muerte. Y quien abraza a las leyes de su Madre, a él abrazará su madre también. Ella curará todas sus plagas y él nunca enfermará. Ella le dará larga vida y le protegerá de todo mal; del fuego, del agua, de la mordedura de las serpientes venenosas. Pues ya que vuestra madre os alumbró, conserva la vida en vosotros. Ella os ha dado Su cuerpo, y nadie sino Ella os cura. Feliz es quien ama a su Madre y yace sosegadamente en Su regazo. Porque vuestra Madre os ama, incluso cuando le dais la espalda. Y ¿cuánto más os amará si regresáis de nuevo a Ella? En verdad os digo que muy grande es Su amor, más grande que la mayor de las montañas y más profundo que el más hondo de los mares. Y aquellos quienes aman a su Madre, Ella nunca les abandona. Así como la gallina protege a sus polluelos, como la leona a sus cachorros, como la madre a su recién nacido, así protege la Madre Terrenal al Hijo del Hombre de todo peligro y de todo mal.
La Naturaleza es nuestra Madre. Y como tal es la que más nos quiere y la que mejor nos cuida. Si permanecemos junto a ella, estaremos a salvo. Y si nos pasa algo, ella nos curará amorosamente hasta que estemos totalmente recuperados.
Los científicos que investigan los fenómenos biológicos están cada vez más asombrados de los exquisitos e inteligentes procesos de curación y de preservación de la vida que lleva a cabo la naturaleza. En la naturaleza, todo tiene solución y todo está planeado y orquestado para que el bien prevalezca, la armonía reine, las enfermedades se curen, y todo vuelva siempre a un equilibrio rebosante de vida, perfección y felicidad. La naturaleza es el paraíso, el paraíso no se fue con Adán y Eva, el paraíso siempre ha estado aquí, sólo que nosotros no hemos querido apreciarlo como lo que es y le hemos dado la espalda, convencidos de que todo lo que nosotros hacíamos o inventábamos era cien veces mejor que cualquier obra de la naturaleza. Cuando la Biblia dice que el paraíso se terminó porque los hombres pecaron, hay que entenderlo como que nosotros nos separamos del paraíso, de la naturaleza, y eso mismo fue el pecado, separarnos de ella. A partir de ahí, el hombre decidió ser independiente de la naturaleza, y esto fue lo que le ocasionó todos sus problemas. Por el simple hecho de que no puede ser independiente de una cosa de la que forma parte.
"Pues en verdad os digo que males y peligros innumerables esperan a los Hijos de los Hombres. Belcebú, el príncipe de todos los demonios, la fuente de todo mal, acecha en el cuerpo de todos los Hijos de los Hombres. Él es la muerte, el señor de toda plaga [enfermedad] y, poniéndose una vestimenta agradable [materialismo], tienta y seduce a los Hijos de los Hombres. Promete riqueza y poder, y espléndidos palacios, y adornos de oro y plata, y numerosos sirvientes [avaricia/materialismo]. Promete gloria y renombre [egoísmo], sensualidad y fornicación, borrachera y atracón, vida desenfrenada, holgazanería y ocio [vicios, adicciones]. Y tienta [publicidad, propaganda] a cada cual según aquello por lo que más se inclina su corazón. Y el día en que los Hijos de los Hombres ya se han vuelto esclavos de todas estas vanidades y abominaciones [globalización capitalista], entonces él, en pago de ello, les arrebata todas aquellas cosas que la Madre Terrenal tan abundantemente les dio [la salud física y mental]. Les arrebata su respiración, su sangre, sus huesos, su carne, sus intestinos, sus ojos y sus oídos. Y la respiración del Hijo del Hombre se vuelve corta y sofocada, trabajosa y maloliente como la de las bestias inmundas [alergias, asma]. Y su sangre se vuelve espesa y fétida, como el agua de las ciénagas [cáncer]; se coagula y ennegrece como la noche de la muerte [enfermedades cardiovasculares]. Y sus huesos se vuelven duros y nudosos; se deshacen por dentro y por fuera se resquebrajan, como una piedra cayendo sobre una roca [osteoporosis]. Y su carne se vuelve grasienta y acuosa [obesidad]; se corrompe y se pudre con costras y forúnculos que son una abominación. Y sus intestinos se llenan de inmundicia detestable rezumando corrientes en putrefacción, y en ellos habitan numerosos gusanos abominables [SIDA]. Y sus ojos se enturbian, hasta que la noche oscura los envuelve [defectos visuales]; y sus oídos se tapan, como el silencio de la tumba [sordera]. Y por último, el Hijo del Hombre perderá la vida. Pues no guardó las leyes de su Madre, sino que sumó un pecado a otro. Por ello le son arrebatados todos los dones de la Madre Terrenal: la respiración, la sangre, los huesos, la carne, los intestinos, los ojos y los oídos y, por último, la vida con la que coronó su cuerpo la Madre Terrenal.
"Pero si el pecador Hijo del Hombre se arrepiente de sus culpas y las repara, y regresa de nuevo a su Madre Terrenal; y si cumple las leyes de su Madre Terrenal y se libera de las garras de Satán resistiendo sus tentaciones, entonces la Madre Terrenal recibe de nuevo a su Hijo pecador con amor y le envía sus ángeles para que le sirvan. En verdad os digo que cuando el Hijo del Hombre resiste al Satán que habita en él y no hace su voluntad, en esa misma hora se hallan ahí los ángeles de la Madre para servirle con todo su poder y liberarle por entero del poder de Satán.
Es importante resaltar aquí que dice que el hombre debe resistir al "Satán que habita en él". Igualmente en el párrafo anterior define a Satán así: "Belcebú, el príncipe de todos los demonios, la fuente de todo mal, acecha en el cuerpo de todos los Hijos de los Hombres". El demonio no es una entidad ajena a nosotros que se nos puede presentar un día y podemos hacerle caso o no. Así es como nos ha educado la Iglesia Católica siempre y estamos habituados a pensar así, que el Mal no tiene nada que ver con nosotros, es algo que está ahí fuera y que podemos seguir o no seguir. Pero aquí Jesús deja claro que el mal está dentro de todos los Hijos de los Hombres. Es como si dijéramos, inherente a nuestra naturaleza de especie. Pero nos asegura que podemos librarnos de él, resistiendo a su tentación, y entonces tendremos la ayuda de todos los ángeles, los "seres del bien" para liberarnos completamente de él.
Saber que el Mal se encuentra naturalmente dentro de nosotros, no es alentador y parece que resultará difícil vencerlo o resistirlo varias veces en nuestra vida. En efecto, esta tarea es difícil, porque estamos aquí para eso. Este es el verdadero progreso que puede realizar el hombre en su vida, y el motivo de nuestra existencia aquí en la Tierra: Aprender a vencer y sobreponernos al Mal que hay dentro de nosotros.
"Pues ningún hombre puede servir a dos señores. Porque o bien sirve a Belcebú y sus demonios o sirve a nuestra Madre Terrenal y a sus ángeles. O sirve a la muerte o sirve a la vida. En verdad os digo qué felices son aquellos que cumplen las leyes de la vida y no vagan por los caminos de la muerte."
Si aplicamos esta lección a nuestra sociedad actual, muchos pretenden vivir así. Su razonamiento es que quieren hacer cosas buenas, pero tampoco quieren dejar de hacer "algunas" cosas malas. Pondré un ejemplo: Una empresa está contaminando mucho. Le vienen buenas intenciones y decide que puede cambiar su forma de producción para contaminar menos. Lo hace, ahora contamina algo menos. Aún así sigue contaminando y creando muchos problemas medioambientales y en la salud de las personas. Pero la empresa está satisfecha y tiene la conciencia tranquila, porque ha hecho "algo" para mejorar las cosas, y cree que ya es suficiente con hacer las cosas un poco mejor. ¿Está actuando bien o mal? Hay gente que, al ver su buena acción, opinará que sí. ¿Ha mejorado realmente la preservación de la vida? Un poco, pero sigue contribuyendo a la no preservación de ésta. ¿Ha dejado de perjudicar al medioambiente y a la gente? Definitivamente no. Está sirviendo a dos señores como dice Jesús.
Otro ejemplo: Las soluciones que pretenden aplicar nuestros dirigentes al problema del Cambio Climático, según hemos podido comprobar en todas las cumbres desde Kioto a Copenhague, sirven a dos señores (pero yo diría que a uno con cuernos más que al otro). Los esquemas de comercio de emisiones, los biocombustibles, los chemtrails, no sólo no son soluciones, sino que son problemas graves en sí mismos. Para que no haya problemas, hay que servir al Bien, pero totalmente al Bien, no un poco al Bien y otro poco al Mal. Hasta que el ser humano no se deshaga de todo lo superfluo, y todo lo que no es la vida, la naturaleza, el bien, la pureza, nunca se podrán solucionar los problemas ecológicos, por mucha tecnología, proyectos o inteligencia que se les dedique. No habrá forma. Porque, como dice Jesús, o sirves a la muerte o sirves a la vida. Pero no puedes estar sirviendo a la vida y a la muerte y esperar que sólo haya vida y no haya muertes. Es lógicamente imposible.
Y cuantos le rodeaban escuchaban sus palabras con asombro, pues su palabra tenía poder y enseñaba de manera bien distinta a la de los sacerdotes y escribas.
Y aunque el sol ya se había puesto, no se fueron a sus casas. Se sentaron alrededor de Jesús y le preguntaron: "Maestro ¿cuáles son esas leyes de la vida? Quédate con nosotros un rato más y enséñanos. Querernos escuchar tu enseñanza para que podamos curarnos y volvernos rectos".
Y el propio Jesús se sentó en medio de ellos y dijo: "En verdad os digo que nadie puede ser feliz, excepto quien cumple la Ley".
Y los demás respondieron: "Todos cumplimos las leyes de Moisés, nuestro legislador, tal como están escritas en las sagradas escrituras"".
Y Jesús les respondió: "No busquéis la Ley en vuestras escrituras, pues la Ley es la Vida, mientras que lo escrito está muerto. En verdad os digo que Moisés no recibió de Dios sus leyes por escrito, sino a través de la palabra viva. La Ley es la Palabra Viva del Dios Vivo, dada a los profetas vivos para los hombres vivos. En dondequiera que haya vida está escrita la ley. Podéis hallarla en la hierba, en el árbol, en el río, en la montaña, en los pájaros del cielo, en los peces del mar; pero buscadla principalmente en vosotros mismos. Pues en verdad os digo que todas las cosas vivas se encuentran más cerca de Dios que la escritura que está desprovista de vida. Dios hizo la vida y todas las cosas vivas de tal modo que enseñasen al hombre, por medio de la palabra siempre viva, las leyes del Dios verdadero. Dios no escribió las leyes en las páginas de los libros, sino en vuestro corazón y en vuestro espíritu. Se encuentran en vuestra respiración, en vuestra sangre, en vuestros huesos, en vuestra carne, en vuestros intestinos, en vuestros ojos, en vuestros oídos y en cada pequeña parte de vuestro cuerpo. Están presentes en el aire, en el agua, en la tierra, en las plantas, en los rayos del sol, en las profundidades y en las alturas. Todas os hablan para que entendáis la lengua y la voluntad del Dios Vivo. Pero vosotros cerráis vuestros ojos para no ver, y tapáis vuestros oídos para no oír. En verdad os digo que la escritura es la obra del hombre, pero la Vida y todas sus huestes son la obra de nuestro Dios. ¿Por qué no escucháis las palabras de Dios que están escritas en Sus obras? ¿Y por qué estudiáis las escrituras muertas, que son la obra de las manos del hombre?"
Este pasaje tiene mucha relación con los fanatismos religiosos que consideran la palabra escrita por otros hombres la ley absoluta y verdadera procedente de Dios. El hombre siempre ha querido sujetarse a leyes y normas para ajustar sus actos y su conciencia a ellas, como guía o para disponer de un código moral. No hay nada malo en fijarse unas normas o una disciplina como medio para conseguir algún resultado positivo o para evitar problemas derivados del desorden o del caos. Pero el peligro radica en considerar unas normas o leyes determinadas como absolutas, verdaderas e incontestables. Las corrientes de fanatismo en algunas religiones, al creer erróneamente que unas leyes determinadas manaban directamente de Dios, ha llevado al extremo la credulidad excesiva y la dependencia exagerada de unas normas que pueden no ser absolutas ni verdaderas. El fanatismo no es privativo de la religión musulmana, ni mucho menos, pero gracias a la propaganda mediática sólo hemos oído esta palabra unida a "islamista". El fanatismo se ha dado y se da en casi todas las religiones organizadas que existen, incluida en la religión cristiana.
Las leyes de Dios son las leyes de la naturaleza. Dios se manifiesta en la naturaleza y la naturaleza es su manifestación, es donde podemos buscarlo, entenderlo y alabarlo. Nosotros, al formar parte de la naturaleza y de la vida, formamos parte de Dios, por lo que también podemos buscarlo en nosotros. Las últimas frases de este párrafo deberían grabarse en piedra en todos los edificios públicos: "En verdad os digo que la escritura es la obra del hombre, pero la Vida y todas sus huestes son la obra de nuestro Dios. ¿Por qué no escucháis las palabras de Dios que están escritas en Sus obras? ¿Y por qué estudiáis las escrituras muertas, que son la obra de las manos del hombre?". Es un mensaje sagrado y sublime que todos los seres humanos deberían saber y comprender. A los occidentales siempre les han parecido "primitivas" las costumbres religiosas de los pueblos indígenas por todo el globo. Han reunido bajo el término general "animismo" a todas las religiones "primitivas" de las gentes que adoran a los fenómenos de la naturaleza. Pero si leemos la Biblia y hacemos caso de lo que nos dice Jesús, tendríamos que hacer como ellos. Tendríamos que considerar sagrados todos los fenómenos de la naturaleza, porque son todos sin excepción manifestaciones de Dios: "Podéis hallarla en la hierba, en el árbol, en el río, en la montaña, en los pájaros del cielo, en los peces del mar; pero buscadla principalmente en vosotros mismos. Están presentes en el aire, en el agua, en la tierra, en las plantas, en los rayos del sol, en las profundidades y en las alturas". ¿No deberían ser animistas los cristianos también? ¿Por qué no lo son y adoran nada más que a un Dios, cuando nuestra limitada razón humana no puede por más que lo intente imaginarse qué pinta tendrá este personaje? Porque no saben quiénes son, y no saben de dónde vienen, ni, lo más penoso, dónde se encuentra realmente Dios.
Los pueblos indígenas, que han vivido respetando todo lo viviente (incluidas las plantas) como sagrado, agradeciendo humildemente todos los regalos, beneficios, felicidad y plenitud que da la naturaleza sin pedir nada a cambio, que no han destruido esta Madre Tierra con el conocimiento íntimo de que si lo hacían se destruirían a sí mismos y destruirían a Dios, ya que la naturaleza es parte de Dios. Estas gentes no han tenido ningún Jesús que les contara tan profunda sagrada verdad, pero aún así la han cumplido, y todos nosotros los occidentales, que hemos recibido la venida de un ser tan especial, que ha influido tanto en nuestra cultura, no hemos sabido cumplir esta enseñanza y me atrevo a decir que casi ninguna de las tantas que Jesús nos quiso enseñar.

Magnífico post. Encierra verdades elementales, que muchos hemos olvidado. Deberíamos volver a la armonía con la Naturaleza, que es donde se encuentra verdaderamente Dios, y no en los templos.
Un saludo,
Jo