Esto es un ejemplo de que si se quiere, se puede. No se puede sacar mejor rendimiento con tan excasos recursos. Estos ejemplos nos deberían sacar los colores, pero lejos de eso, a mí me alegra saber que hay gente que lucha por un mundo mejor, más justo y sostenible. No todo son noticias malas.

Tras 25 años de trabajo de reforestación en la región mexicana de Oxaca, la Mixteca Alta está restaurada: ha reverdecido, tiene manantiales, árboles y alimentos y la gente ya no emigra. 

Este año, el "Premio Nobel de Ecología" lo ha ganado Jesús León Santos, un campesino indígena que en los últimos 25 años ha realizado un trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, México.
Cuando León tenía 18 años decidió hacer algo para cambiar el paisaje del lugar donde vivía, la Mixteca Alta (tierra del sol), pues era árido y sin ningún tipo de vegetación. No había agua y tenía que recorrer kilómetros para buscarla. Sus vecinos emigraban buscando zonas más fértiles, pero Jesús León se propuso lograr la fertilidad de dichas tierras recurriendo a técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas.

¿Cómo llevó a cabo el proyecto? Este campesino mexicano revivió una herramienta indígena olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam) y, entre todos, a pesar de los mínimos recursos económicos, empezaron a luchar contra la erosión. Debido a la cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo y la industria de producción de cal que estableció la Colonia, la zona estaba muy deteriorada. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los templos dominicos contribuyeron definitivamente a su desertificación.

Jesús León y su grupo han impulsado un programa de reforestación. Cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil. Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Además, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua. Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria. Desarrollaron así un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región. Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, de las más resistentes a la sequía.

Tras 25 años de mucho trabajo la Mixteca Alta está restaurada: ha reverdecido, tiene manantiales, árboles y alimentos y la gente ya no emigra Jesús León sigue luchando día a día contra los transgénicos, y continúa sembrando unos 200.000 árboles anuales. Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente. Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos. El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.

Sobre el premio
El nombre del galardón es "Premio Ambiental Goldman". Este premio se creó en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos estadounidenses: Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman. Consta de una dotación de 150.000 dólares y se entrega cada año en San Francisco, California (Estados Unidos). Hasta ahora ha sido otorgado a defensores del medioambiente de 72 países.